San Juan, Puerto Rico - Con fines de aumentar los ingresos del gobierno de Puerto Rico, el Gobernador Aníbal Acevedo Vilá ha pasado una orden ejecutiva que obliga a los deambulantes del país a pagar el Impuesto a la Venta y Uso (mejor conocido como "el odioso IVU" para el afamado cantante navideño José Nogueras) sobre el dinero que reciben de limosnas. Este mandato ha obligado a la comunidad de deambulantes a establecer procedimientos para asegurarse de que aquéllos que les den limosna también les aporten 7% en exceso para poder costear el IVU.Caricatura en la que el artista puertorriqueño El Bohemio capturó el meollo del asunto cuando los deambulantes empiecen a exigir el IVUEn una conferencia de prensa que convocó Acevedo Vilá para explicar esta nueva orden ejecutiva, éste se expresó: "Ya es hora que estos bambalanes dejen de mamar descaradamente de la teta del Pueblo de Puerto Rico y que dejen de desvencijar el erario público", finalizó, marcando así la primera vez e
Mi empresa era socia o estaba asociada a un organismo que, a su vez, estaba formado por instituciones y empresas de un par de países. Todos se acogían a la misma subvención y colaboraba cada una con la parte que mejor sabía hacer. La sede directiva se encontraba en mi ciudad y por esa razón, los miembros foráneos se desplazaban aquí para algunas reuniones y otros actos. Aprovechando la llegada de los más importantes, mi jefe decidió enseñarles la "super-empresa" de informática que les iba a llevar los temas de software. Erkemao se encontraba ese día dedicado a sus faenas pictóricas. Con una escalera, un cubo de pintura y una brocha, trabajaba sin cesar. Llegaron los clientes foráneos y el jefe comenzó su recorrido turístico por todas las estancias. Puesto por puesto iba comentándoles quien era cada empleado y a que se dedicaba: "esta es X y se dedica a la administración, este es Z y se dedica a la programación, este es Y y se dedica al diseño, etc..." pero cuando mi
Hace una tarde espléndida. El sol luce primaveral. Su calor da vida a todo a mi alrededor. El verde impera hasta donde la vista alcanza. El amarillo de las flores salpica con notas de color el tapiz que forma la hierba. Blancas nubes navegan el inmenso cielo azul. Sus sombras tiñen de añil el vigoroso y vívido océano. Al fondo, aunque no la veo porque me encuentro dentro de mi habitación, la montaña luce con un hermoso manto blanco. Se recorta en la distancia como un enorme coloso que todo lo domina. Este domingo es ideal. Escribo los post con un día de antelación. No oigo el sonido de los vehículos transitando la calle y estoy escuchando a algunos de mis grupos preferidos. Las tardes son ahora más largas y la ilusión del verano, aún lejano, se siente alrededor. Es un domingo de los que hay que disfrutar. Salir, ver cosas, hablar con los amigos o pasarlo en buena compañía. A falta de eso, está muy bien para pasear. Con estos argumentos, pocas ganas tengo de escribir una
Sigo narrando las inquietantes desventuras que tuvimos que soportar en aquel estío de 2004, pero debo echar una mirada atrás para que dispongan de más información. Corría el año 2001 cuando mi empresa, definida dentro del concepto de PYME, adquirió unos locales más o menos modernos en una calle adyacente al garaje en el que trabajábamos. Hubo una mejora notable en algunos aspectos del trabajo, aunque en otros continuamos igual o peor. Durante el acondicionamiento de los locales, mi jefe encargó a un amigo (al que luego traicionaría como hacía con todo el mundo) la instalación del parquet y el pintado interior de las salas. Las paredes estaban a medio pintar cuando surgieron las diferencias entre ambos y se cortó la relación. Según mi jefe, él terminó de pintar lo que faltaba. Puede que fuera así, puesto que daban pena. Hasta un mico con un rotulador hubiera realizado un acabado más digno. No se habían dado las suficientes capas y se notaba cada brochazo, a parte d
Ese final de primavera y verano del año 2004 se estaba convirtiendo en una auténtica pesadilla. Liquidación de mi departamento y venganza atroz de mi jefe. El gerente se había vuelto muy arrogante. Como el abusón de un colegio de primaria, se dedicaba a repartir tortas (en este caso psicológicas) a los demás. Como siempre, los más débiles recibían lo suyo y lo que el "abusón" no se atrevía a darle a los otros. Su despropósito no decaería en los siguientes meses estivales: después de haber quitado los armarios del taller, desmontado el escaparate con sus vitrinas, puesto el parquet y pasado un día horrible al deshacernos de los bloques, tocaba la segunda fase del rencor. Esta vez el premio consistía en desarmar y retirar todas las estanterías metálicas del almacén y su contenido y volverlas a ensamblar en el otro sótano y por supuesto, colocarlo todo de nuevo. Mi jefe tenía la idea de crear un centro de datos en ese subterráneo, pero después, se le ocurrió que i
Estos trabajos forzados habían concluido un viernes, pero teníamos un pequeño problema. Las decenas de bloques (ladrillos) que estaban amontonados. Un poco más arriba de la calle se estaba construyendo un edificio. Nos acercamos y les preguntamos que si querían los bloques. Nos dijeron que sí, y que un poco más tarde los vendrían a buscar con un camión. Cerca de las dos de la tarde todos los bloques estaban en la puerta de mi empresa y por allí no aparecía nadie a recogerlos. El gerente no quería basura en su pulcro y "cool" negocio. Nos "aclaró" que debíamos deshacernos de esa escoria y que cargásemos la furgoneta y fuésemos a cualquier obra a dejarlos. Con el vehículo hasta los topes fuimos hasta una obra calle abajo, pero los empleados nos trataron como animales. Nunca había visto gente tan bruta. Como dije en el anterior post, cuando era joven, me pasé muchos veranos trabajando en construcción y nunca había tenido compañeros tan bruscos y salvajes como los ind
Nuevamente asistimos a una de las "gloriosas" aventuras de los pringadillos en la empresa de "Nunca Jamás". En la pasada entrada describí como tuvimos que desmontar el enorme escaparate de la empresa, jugándonos el físico en ello. Por otro lado, esta "labor" que tan atentamente nos había encomendado el gerente, no era sino otro degradante castigo de los que tanto gustaban a mi jefe. Se crecía con ellos. No hay nada como ordenar y que te obedezcan, aunque las órdenes sean absurdas y malintencionadas. El tema del escaparate iba para largo. Los cristales y las guías de aluminio sólo eran el principio. La historia es mucho más larga y mucho más surrealista. A punto estuvimos de perder el certificado EMAS, jajaja lo cual no me hubiera importado, porque pienso que nuestra empresa no era éticamente merecedora de tal galardón. El haber hecho los deberes un día no te exime de haber incumplido tus obligaciones toda la vida, sobre todo teniendo en cuenta que ese certificado no se ob
Con este post comenzaré un nuevo ciclo que ilustrará algunos pasajes de una de las etapas más triste y dura de mi vida. Esta periodo comenzó hacia finales de la primavera y prosiguió durante el verano de aquel nefasto año 2004. Mi jefe había conseguido el objetivo que explícitamente o subconscientemente se había propuesto años atrás, y que no era otro sino, cerrar el taller de reparaciones y venta de equipos informáticos. Después de tener una reunión conmigo y preguntarme por mis aptitudes y actitudes profesionales sobre programación, "debía haberse dado cuenta" de que ya no me interesaba seguir en la empresa. Que mi tiempo en ese lugar había terminado. Desconozco si fue por buena voluntad o rencor, pero decidió que yo debía seguir en el negocio, pero para ello tendría que pagar cara mi estancia. No bastaba con haber dedicado en cuerpo y alma 6 años de mi vida a ese comercio y haber sufrido lo indecible; yo tendría que pagar un peaje para ser aceptado en la "n